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jueves, 19 de noviembre de 2015

CASÁNDOME CON EL SCRAPBOOKING

Siempre digo que las cosas pasan porque tienen que pasar. Y en ese preciso momento yo tenía que estar ahí, en ese programa. De no haber sido así, seguramente no la hubiera conocido a ella, a mi compañera Gema.

A día de hoy todavía no sé si el hecho de que se haya cruzado en mi camino, ha sido una bendición o una completa aberración.

Descubrí el scrapbooking años atrás, cuando se empezó a poner de moda en nuestro país. Las preciosas cartulinas decoradas e impresas a doble cara; los blocks de papeles organizados por temas y por colores; y las atractivas cintas para pegar, que más adelante averigüé que se llamaban washi tape, me llamaban profundamente la atención.

En ese instante reconozco haber tenido un momento de lucidez, al no permitir que mi ansia y mi curiosidad siguieran avanzando en el descubrimiento de ese nuevo mundo que se empezaba a abrir ante mis ojos. Sabía que seguir indagando en él podía llevarme a la completa ruina.

Quizás esté siendo un poco exagerada, pero tengo que reconocer que cuando me da por algo, consigo obsesionarme hasta tal punto, que termino comprando de manera compulsiva. Y ante semejante belleza de materiales, tenía todas las papeletas para hacerlo.

Pero conseguí superarlo. Me convencí de que el scrapbooking era un simple capricho, como anteriormente lo había sido el diseño de pulseras, collares y demás complementos. Pero entonces apareció ella: Gema,  la maestra de las manualidades en general y del tallado de sellos en particular. Y caí como una mosca en la miel.

Comencé entonces a indagar en el arte de personalizar y decorar álbumes fotográficos. Y entonces descubrí que el scrapbooking engloba dos de mis pasiones: las manualidades y la fotografía.

Pero cuando realmente me enganché del todo, fue al comprobar la multitud de posibilidades que ofrece esta técnica. Los botones decorados, las chapas, los ojales, los rub-ons, y sobre todo, los sellos y las troqueladoras, terminaron por volverme completamente loca. Fueron ellos los que me convencieron para que hiciera mi primer pedido on-line.

Es así como con unas cartulinas, una regla, unas tijeras, un cutter, unos papeles decorados y con la ayuda de varios tutoriales de youtube, conseguí crear mi primer álbum.


  
Fueron dos meses de intenso trabajo, creando bolsillos de todo tipo, troquelando cartulinas de colores, pegando perlitas, botones y demás decoraciones. Y tengo que reconocer que me siento bastante satisfecha de mi primer trabajo: un álbum que le regalé a mi hermana por su 30 cumpleaños. ¿Qué opináis vosotr@s?




Después de terminarlo, solo pensaba en seguir creando sin parar. Y es que para mí, el scrap sigue siendo una afición, pero en parte se ha convertido en terapia: me relaja, consigue evadirme del mundo, ha despertado mi creatividad hasta límites insospechados, y lo más importante, me divierte hasta la saciedad.

A través de este blog iré colgando mis modestas creaciones; cosas que me inspiran, futuros descubrimientos de materiales y de tiendas de scarpbooking, y mis reflexiones personales sobre esta técnica, entre otras muchas cosas. 

¿Te apuntas a scrapear conmigo?