Siempre
digo que las cosas pasan porque tienen que pasar. Y en ese preciso momento yo
tenía que estar ahí, en ese programa. De no haber sido así, seguramente no la
hubiera conocido a ella, a mi compañera Gema.
A día de
hoy todavía no sé si el hecho de que se haya cruzado en mi camino, ha sido una
bendición o una completa aberración.
Descubrí el
scrapbooking años atrás, cuando se empezó a poner de moda en nuestro país. Las
preciosas cartulinas decoradas e impresas a doble cara; los blocks de papeles
organizados por temas y por colores; y las atractivas cintas para pegar, que
más adelante averigüé que se llamaban washi tape, me llamaban profundamente la
atención.
En ese instante
reconozco haber tenido un momento de lucidez, al no permitir que mi ansia y mi
curiosidad siguieran avanzando en el descubrimiento de ese nuevo mundo que se
empezaba a abrir ante mis ojos. Sabía que seguir indagando en él podía llevarme
a la completa ruina.
Quizás esté
siendo un poco exagerada, pero tengo que reconocer que cuando me da por algo,
consigo obsesionarme hasta tal punto, que termino comprando de manera compulsiva.
Y ante semejante belleza de materiales, tenía todas las papeletas para hacerlo.
Pero
conseguí superarlo. Me convencí de que el scrapbooking era un simple capricho,
como anteriormente lo había sido el diseño de pulseras, collares y demás
complementos. Pero entonces apareció ella: Gema, la maestra de las manualidades en general y
del tallado de sellos en particular. Y caí como una mosca en la miel.
Comencé
entonces a indagar en el arte de personalizar y decorar álbumes fotográficos. Y
entonces descubrí que el scrapbooking engloba dos de mis pasiones: las
manualidades y la fotografía.
Pero cuando
realmente me enganché del todo, fue al comprobar la multitud de posibilidades
que ofrece esta técnica. Los botones decorados, las chapas, los ojales, los rub-ons,
y sobre todo, los sellos y las troqueladoras, terminaron por volverme
completamente loca. Fueron ellos los que me convencieron para que hiciera mi
primer pedido on-line.
Es así como
con unas cartulinas, una regla, unas tijeras, un cutter, unos papeles decorados
y con la ayuda de varios tutoriales de youtube, conseguí crear mi primer álbum.
Fueron dos
meses de intenso trabajo, creando bolsillos de todo tipo, troquelando
cartulinas de colores, pegando perlitas, botones y demás decoraciones. Y tengo
que reconocer que me siento bastante satisfecha de mi primer trabajo: un álbum
que le regalé a mi hermana por su 30 cumpleaños. ¿Qué opináis vosotr@s?
Después de
terminarlo, solo pensaba en seguir creando sin parar. Y es que para mí, el
scrap sigue siendo una afición, pero en parte se ha convertido en terapia: me relaja,
consigue evadirme del mundo, ha despertado mi creatividad hasta límites
insospechados, y lo más importante, me divierte hasta la saciedad.
A través de
este blog iré colgando mis modestas creaciones; cosas que me inspiran, futuros
descubrimientos de materiales y de tiendas de scarpbooking, y mis reflexiones
personales sobre esta técnica, entre otras muchas cosas.
¿Te apuntas a scrapear
conmigo?